domingo, 26 de mayo de 2013

Hoy me acordé

Hoy me acordé de esa mirada cruzada que apenas duró dos segundos. 
El nudo en el estómago, mi silencio para que no notaras mi voz quebrada, el primer síntoma. Estábamos en aquella estación sin poder parar de abrazarnos, como si nos conociéramos de toda la vida...
Recordé aquella despedida, ya echándote de menos, preguntándome cuándo sería la siguiente vez que te vería. No pasó mucho tiempo hasta que volvimos a celebrar entre besos interminables todo lo pendiente, como si se nos fuera la vida en ello.
Después de tanto tiempo, lo confieso, me faltó tacto y vomité palabras sin pensar en tu reacción ni en el daño que podía hacerte.
Mi estrategia siempre consistió en protegerme sin atacarte, pero esa vez me equivoqué y te la metí sin piedad, no como venganza sino como respuesta a mi estado de inseguridad.
No pude controlar mi bloqueo y no me preocupé de las consecuencias. No tiré a dar, no apunté a matar. Disparé sin pensar si podrías esquivar mis balas o no. 
Perdí el control, apareció la rabia y no dudé en apretar el gatillo, me salió sin más, sin poder ni querer evitarlo, porque callándome me hubiera explotado el corazón y la razón y no, no estaba dispuesta. 
Perdona si pensé sólo en mí. Si no supe amarrar mis miedos. Ni los buenos son tan buenos ni los malos son tan malos. 
Soy imperfecta hasta reventar. Soy tan humana que me harto de cometer errores, pero éste fue grande. Lo siento. 
No hubiera perdido un segundo de mi vida en dedicártelo si no creyera que eres lo que jamás dejé de creer. Si estoy a tu lado no fue por enganche emocional sino porque me enamoraste así, con tus cosas buenas y tus cositas regulares. Me atrajo no sólo tu manera de ser sino tu corazón, y si hay algo que no puedo poner en duda es tu deseo de querer hacer bien las cosas. 
Estoy orgullosa de haberte conocido, de estar creciendo y aprendiendo contigo, porque eres buena gente. Si supieras el concepto que tengo de ti, a pesar de tempestades a nuestras espaldas, no te lo creerías. 
Creo en ti y mi confianza es tuya, sé perfectamente quién eres, por qué haces las cosas y por qué pasan las cosas. Conozco tu esencia.
Pero tengo momentos, tengo bajones, tengo inseguridades, tengo lagunas, bloqueos...
Sé que tu alma es pura. Tu confusión me ha confundido..Pero sé que hay que moderarse cuando uno está mal, que hay que expresarse pero sin atacar.
Porque no, aunque se me hinche la vena cuarenta mil veces, no quiero que dejes de pensar en todo lo que te quiero. Tal vez por eso no pueda... no pueda quedarme en blanco y hacer como si no pasara nada, y caer en el error de reprocharte tus fallos sin valorar tus aciertos. 
Tal vez deba cuidar mi lenguaje inapropiado y agachar la cabeza, y pedirte perdón.
Puede que vengan otros desacuerdos, otros vacíos y otros arrebatos, pero también seguirá latente todo lo que siempre nos ha unido, y es lo único que quiero y me importa mantener.
Pero por favor... no te decepciones. Sabes quién soy, sé que lo sabes. Acuérdate de todo, también de lo bueno. Si lo deseas pasa por casa, y déjame que te dé un abrazo tan grande como tú.
Anoche soñé que volvíamos a vernos después de no sé cuánto tiempo. Y de nuevo esas miradas cruzadas, esa tensión, la complicidad infinita, las miles de risas y, entre música... los juegos por debajo de la mesa, el tocarnos sutilmente hasta quemarnos, los besos recuperados, el nudo en el estómago, las palabras, la pasión. 
La continuación de aquella inolvidable primera noche...


©Marcela R.

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