lunes, 28 de octubre de 2013

Una maravillosa historia de amor.

Una maravillosa historia de amor.

(continuación..) 


Lucía no sabía muy bien lo que estaba pasando, pero le encantaba sentirse así, no entendía cómo este hombre aparecido de la nada, estaba cambiando desde el primer segundo su existencia.
Él la miraba con delicada intensidad, ella trataba de esquivar sus ojos, pero un deseo muy fuerte la llevaba a fijarse en su carnosa y sensual boca; quizá con más ganas que nunca de sentir nuevamente el calor de un beso, su corazón muchas veces había llorado por fracasos amorosos repetidos, pero de verdad se sentía hondamente sorprendida.

Lucía no sabía entregarse a medias, se lo había replanteado siempre, porque cuando se entregó a una relación lo dio todo y el fracaso fue la única recompensa recibida a sus esfuerzos emocionales. 
Sin embargo y a pesar de todo, esa noche de Febrero sintió que podía tener una nueva oportunidad. Tembló de sólo pensarlo, pero asumió esa realidad al notar que su piel se erizaba al sentir la presencia de ese hombre desconocido que el destino quiso ponerlo en su camino. Ella no lo sabía aún, pero él cambiaría para siempre cada rincón de su alma.

Por otro lado, David, exquisitamente abrumado por la hermosura de la mujer que colmaba largamente lo que él hubiera podido imaginar a la cual se sumaba la ternura de esa noche donde las estrellas brillaban más que nunca, con una luna que deseaba ser cómplice de este encuentro, sentía unos deseos incontrolables de besarla.
La miró, le toco la cara, se acercó suavemente...ella, se dejo llevar y en un dulce y suave beso sus bocas se unieron por primera vez.
-Lucía, bendigo al destino por este instante que veneraré tanto tiempo como yo viva debajo del cielo.

Ella quedó en silencio porque él empezó a recorrerla con dulzura infinita. Sus manos volaban por el cuerpo de la musa a la velocidad del amor.
De pronto se miraron profundamente y él, sinceramente sorprendido y entregado a los mejores momentos de toda su historia, musitó:
Tus ojos brillan más que todo ese infinito firmamento que contemplamos, vida de mi vida.
La mujer lloraba y la majestad de su hermosura se acrecentaba.

-¿Qué te ocurre, tesoro mío?
Pretendo detener este instante en mi alma, en mis manos, en mi mente, David.
-Lucharé por merecerlo, adorable criatura.
Siguió llorando Lucía, sumergida en el canto de inefable esperanza.
... 

©Marcela R.

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