domingo, 18 de noviembre de 2012



En cada amanecer 
los seres humanos 
abrimos los ojos 
para enfrentarnos 
a otro día más... 

La mañana se va llenando 
de un taconeo 
que marca la carrera veloz 
de gente que marcha 
hacia sus tareas diarias... 

Las calles se llenan 
de estudiantes, trabajadores 
y gente desempleada 
que se afanan 
por llegar al lugar esperado... 

Tanta es la prisa 
que el tiempo no es suficiente 
para detenernos a mirar 
el interior del ser humano 
que nos rodea... 

Nuestros ojos 
se conforman con fijarse 
en el exterior solamente... 
Recordamos 
el largo de una falda, 
la marca del pantalón, 
el color de la piel... 

Comentamos 
el gesto huraño 
de algún compañero 
sin buscar la causa 
que lo provocó... 

Transcurre el día 
y no hemos mirado 
el interior del amigo 
que nos acompaña diariamente... 
Deberíamos jugar 
a descubrir lo hermoso de la gente... 
Cada ser humano 
tiene un pedazo de Dios dentro... 

¡Es lo que debería llamar 
nuestra atención diaria! 
En lugar de ver 
el gesto agrio de alguien, 
entendamos el valor 
que tiene para resistir 
las tensiones provocadas 
por situaciones 
que no conocemos... 

Antes de burlarnos 
del que no aprende 
con la rapidez de los demás, 
demos un aplauso a su magia 
para ser bueno con sus semejantes... 

Todos los días son buenos 
para comenzar a descubrir 
sonrisas hermosas, 
manos hábiles, 
actos valiosos, 
espíritus valientes, 
luchadores incansables... 

Cada ser humano 
tiene un valor especial, 
un don divino 
que recibe al nacer 
y que si se descubre, 
puede utilizarlo 
para su beneficio 
y para el de los que le rodean... 

Hagamos un alto 
en nuestra prisa diaria, 
miremos el interior 
de nuestros hermanos 
y aprendamos a valorarlos 
por lo que son 
y no por lo que quisieramos que fueran...

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